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" ... Nada hay humano que no sea social, por lo tanto, el desarrollo del intelecto debe ser social. El hombre se socializa a través de las interacciones comunicativas; comunicación que exige la presencia activa del otro en nuestra vida ... " de Eugenio Garrido, en la presentación del libro: "psicología Social del Desarrollo Cognitivo"

sábado, 7 de marzo de 2015

LA DEPRESIÓN VISTA DESDE LA PERSPECTIVA PSICOANALÍTICA



 

"Deprimidos"
El fenómeno moderno de la depresión no cesa de insistir en nuestra época, se ha instalado ampliamente en el discurso común contemporáneo y en los medios de comunicación. Más allá del hecho de que la clínica psiquiátrica da una gran prioridad a los trastornos del humor parece existir un lazo entre la época contemporánea y la llamada depresión. Si leemos los informes de los epidemiólogos de la OMS que predicen nuestro porvenir de salud en los próximos 20 años podemos constatar que el problema de la depresión está adquiriendo la dimensión de una epidemia que atraviesa ya todas las franjas de edad de la población: niños, adolescentes, adultos, mayores. Nos dicen, pues, estos expertos, que estamos expuestos cada vez más a sufrir un episodio depresivo a lo largo de nuestra vida. Por tanto, hay un aumento progresivo de lo sujetos que, para alegría de las multinacionales farmacéuticas, se nombran "deprimidos".
En efecto, los grandes avances en el campo de la técnica - por la alianza de la ciencia con el liberalismo capitalista - han venido a agujerear el discurso del amo que tenía por función regular el goce. La barrera al goce impuesta por el amo impedía al sujeto acercarse en demasía a su plus de goce cosa que, por un lado, le permitía desear y, por otro, servía para poner cierto límite al imperativo superyoico.
"Cobardía moral"
El psicoanálisis nos enseña que el superyó se engrandece cuando el sujeto cede en su deseo y accede a la recuperación del plus de goce en su máxima inmediatez. Ahora bien, el sujeto que elige recuperar el plus de goce a costa de ceder en su deseo lo pagará, tarde o temprano, con el afecto depresivo, ésta es la falta moral, ésta es la "cobardía moral" del sujeto deprimido que Lacan menciona.
El capitalismo nos vende la ilusión de que los objetos del mercado van a colmar nuestra falta, que van a colmar nuestra división, el imperativo consumista es una nueva cara del superyó. Por otra parte, la ascensión de los objetos del mercado al zenit social tiene la contrapartida de producir una disolución de los lazos sociales.
La relación al Otro en la depresión se encuentra perturbada, el sujeto deprimido experimenta un fuerte sentimiento de soledad, un gran desinterés general invade al sujeto y ello tiene consecuencias en su decir. El acto de hablar, el decir, suele estar afectado, el sujeto siente, piensa, que no tiene nada interesante por decir, tampoco nada interesante que escuchar. Se produce así una separación entre el sujeto y el Otro propiciada por una desvalorización de la palabra.
El psicoanálisis aún cuando no acepta la depresión como una entidad clínica unificada no deja de aportar respuestas, pero esas respuestas son una por una, porque la clínica psicoanalítica es una clínica del sujeto, y como tal cuestiona la forma particular en que cada sujeto, a través de su depresión, trata de situarse en relación al deseo y al goce. Es decir que, para la clínica psicoanalítica, lo que está en juego en el sufrimiento del ser hablante, depresivo o no, es la relación del sujeto al goce, así como su relación al saber inconsciente.
La responsabilidad del sujeto
Todo ello introduce algo que para el psicoanálisis es fundamental: la responsabilidad del sujeto, lo que nos sitúa en el registro de la ética. Cuando hablamos de responsabilidad lo hacemos en el sentido de que estamos frente a un sujeto de derecho, es decir, un sujeto que responde y que, por tanto, tiene la capacidad de elegir. Hay una elección en juego, una decisión del ser, no un conformismo del ser. Este punto implica explorar la dimensión ética de las respuestas del sujeto y ahí nos podemos encontrar, por ejemplo, por lo que respecta a la depresión con múltiples coyunturas: desde la cesión de un lugar simbólico, pasando por un retroceso en el momento de afrontar una pérdida, hasta una renuncia pulsional.
Lacan en Televisión habla de la tristeza, la depresión, como cobardía moral. Dice así: la tristeza que se califica de depresión "es simplemente una falta moral (...) una cobardía moral, que no cae en última instancia más que del pensamiento, o sea, del deber de bien decir o de reconocerse en el inconsciente, en la estructura". Es decir, que para Lacan se trata de una falta simbólica, de una renuncia del sujeto que cede en su deseo frente al goce. La consecuencia de ello es el afecto depresivo, el desinterés por las cosas del mundo y por lo que a uno le rodea, el no querer saber, esa es la cobardía moral. Desde este punto de vista también podemos decir que la depresión denota un problema de enunciación del sujeto, hay una detención, hay un paso que el sujeto no hace en la enunciación, como decíamos hace un momento la renuncia afecta al decir.
De la queja a la dignidad del síntoma
Entonces, el psicoanalista, en la dirección de la cura, ante aquel sujeto que se queja y se desespera por su injusto destino, producirá una rectificación subjetiva que permita al sujeto hacerse cargo de sus elecciones y de las primeras consecuencias de su goce. El sujeto, entonces, podrá pasar de la queja y del afecto depresivo a la dignidad del síntoma que abre la pregunta sobre la causa y sobre la satisfacción, lo que siempre conlleva un relanzamiento del deseo y una disminución de la mortificación.
Como señala Eric Laurent, el psicoanálisis nos permite poder vivir con la experiencia de la pérdida y darnos cuenta de que hay otro modo de goce que la tristeza.
Fuente:
http://psicoletra.blogspot.com.es/2015/03/la-depresion-vista-desde-la-perspectiva.html