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" ... Nada hay humano que no sea social, por lo tanto, el desarrollo del intelecto debe ser social. El hombre se socializa a través de las interacciones comunicativas; comunicación que exige la presencia activa del otro en nuestra vida ... " de Eugenio Garrido, en la presentación del libro: "psicología Social del Desarrollo Cognitivo"

viernes, 20 de abril de 2012

“EL REY QUE MATABA ELEFANTES. UNA HISTORIA DEL S.XXI.”


Sucedió en la primavera del S. XXI. Mientras los funcionarios del reino expulsaban a los pobres de sus casas.
Funcionarios sordo-ciegos  que  no escuchaban los llantos de los niños ni miraban los ojos asustados de los impotentes.
Mientras en la calle el pueblo gritaba pidiendo justicia y los funcionarios sordo-ciegos golpeaban a los desesperados.
Mientras, los cercanos a la corte y al poder se compinchaban para expoliar al pueblo y engañarlo.
Mientras, las colas de los hambrientos se extendían serpenteantes por las calles de las grandes y pequeñas ciudades.
Mientrasmiles de seres humanos luchaban por la salud del planeta y sus criaturas.
Mientras esto sucedía, el rey, el rey del pueblo, se dedicaba a matar elefantes.
Sé que dudarás de la veracidad de lo que te cuento, ¡no es posible!, dije yo también cuando vi la foto del rey y el elefante.
Pero fue así, así sucedió.
El rey, como todos los reyes  de todos los tiempos, llenaba sus arcas con los tributos que el estado hacía pagar a todos sus súbditos, (desde siempre los campesinos han tenido que pagar por sus cosechas, sin que nadie tenga en cuenta la sequía ni el granizo). Siempre fue así y en aquella primavera del S. XXI seguía siendo así.
Funcionarios sordo-ciegos, a las órdenes de políticos, funcionarios temporales sordo-ciegos, perseguían a los que no podían pagar sus tributos amenazándolos con terribles penas. La pobreza se extendía, pero el pueblo colaboraba con su esfuerzo a llenar las arcas del estado y de esas arcas salía lo necesario para el mantenimiento del  palacio del rey, para sus viajes de visita a otros reinos, para el bienestar de su familia.
Dicen que muchos súbditos tenían tanto amor por el rey que rezaban por el y por su alma.
En aquel tiempo el pueblo sufría por la injusticia, se sentía impotente ante el absurdo desequilibrio del platillo inclinado descaradamente hacia el lado de los poderosos. Sufría por la perdida de sus derechos, sufría por la perdida de su libertad. La amenaza pesaba sobre ellos. Estaban asustados por el futuro de los jóvenes ,los niños y los ancianos. Se angustiaban pensando en la salud del planeta. El pueblo se empezaba a dar cuenta de muchas cosas, pero respetaban a su rey porque pensaban que el restablecería la justicia y la paz y la armonía.
Lo pensaban así porque una vez el rey los salvó de un terrible peligro.
Lo pensaban porque el rey, en sus palabras, hablaba de justicia, de igualdad, de libertad y el pueblo creía en su palabra.
El pueblo sufría si el rey enfermaba o tenia un tropiezo, el miedo a perderlo era el miedo a perder al guardián de sus sagrados derechos .miedo a que los funcionarios ciego-sordos a las ordenes de políticos ciegos–sordos llevaran al país a la oscura represión de sus derechos. Confiaban en la sabiduría y la bondad del rey.
Y un día el rey sacó del oro de sus arcas, el oro del sudor del pueblo, una bolsa de monedas ,la pesó, necesitaba igualar el peso con lo que pretendía.
En secreto organizó un viaje a áfrica. En aquel tiempo áfrica sufría de una terrible desgracia, (el hambre, la enfermedad, la esclavitud, la más vergonzosa de las injusticias asolaba aquella tierra).
El rey, predicador de la justicia, se fue a áfrica con su bolsa de oro.
Pensarás que el buen rey repartió el oro para dar de comer a los hambrientos, para dar de beber a los sedientos, para vestir a los desnudos, aunque no puedas creerlo, cuando el rey pesó la bolsa sólo pensaba en el peso de un elefante, su peso en oro.  Oro del sudor del pueblo bajó de su avión, pisó la tierra africana sin besarla y se fue  en busca de un elefante.
Los elefantes y los reyes están asociados.
Reyes sabios de todos los tiempos han cabalgado en sagrados elefantes, porque los elefantes son sabios, llevan en el planeta más años que nosotros.
Miles de años simbolizando la sabiduría para muchos pueblos del  planeta.
Los elefantes sabios, pacíficos, poderosos han sido buenos amigos de dioses y de reyes.
Pero nuestro rey no buscaba un elefante para  inspirarse en su sabiduría y aprender el buen uso del poder.
El rey buscaba un elefante para matarlo.
¿por qué querría este rey de palabras justas matar a un elefante?, 
¿pensaría en dar de comer la carne del sagrado animal a los hambrientos de áfrica?,
¿no sabía el rey que para los africanos los elefantes son sagrados?,
¿que hizo el rey con los colmillos de marfil?,
¿qué sintió el rey ante el cuerpo abatido del  animal?,
¿el rey siente? ¿el rey piensa?.
El rey sacó  la bolsa de oro del sudor de su pueblo y pagó al peso por su matanza.
Mientras la reina en su palacio recitaba: ”om mani pedme om”. Pidiendo perdón al  maestro buda que fue elefante en su última reencarnación. (las mujeres somos, en general, más sensibles a la barbarie).
El rey pagó, con el oro de su pueblo hambriento ,por el placer de matar. El rey creía que nadie se enteraría de su perverso acto, pero en los comienzos del siglo XXI nadie podía ya ocultar nada, la era de la verdad había comenzado y ninguna fechoría podía  permanecer oculta por mucho tiempo.
Ganesh, el dios hindú hijo de Shiva, tiró al rey al suelo y el pueblo supo.
El elefante sacrificado gritó a través de las voces del pueblo: ¡detengan la masacre!. Refiriéndose a la gran masacre que los poderosos sordo-ciegos del S.XXI habían desencadenado contra la tierra y sus criaturas.
Muchos seres humanos dijeron: ¡no contaran conmigo para esto!, ¡no con mis tributos!, ¡no con mi sudor y el de mis hermanos!, ¡no queremos que nos gobiernen seres sordos y ciegos que matan elefantes!
En las plazas del reino se escucharon esos gritos y otros muchos… lo que pasó después está aún por pasar.
Lo que sí sé, es que la muerte de ese elefante no ha sido en vano.
Que su sangre nos confiera el poder y la sabiduría que necesitamos para que podamos contar a nuestros niños el final de esta historia diciendo: y muchos nos unimos y conseguimos que los ciegos vieran y que los sordos escucharan.
Y el rey pidió perdón por su sordo-ceguera.
¡Lo hicimos!.
Una gran conmoción sacudió las conciencias y los poderosos temblaron.
Y una música nueva sonó en la tierra.
Un gran coro de risas mezclada con poderosos gritos de sabios elefantes.
¡Así será!.

Por Lidia farray.