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" ... Nada hay humano que no sea social, por lo tanto, el desarrollo del intelecto debe ser social. El hombre se socializa a través de las interacciones comunicativas; comunicación que exige la presencia activa del otro en nuestra vida ... " de Eugenio Garrido, en la presentación del libro: "psicología Social del Desarrollo Cognitivo"

lunes, 12 de diciembre de 2011

SOBRE LA CONCIENCIA DEL USO Y ABUSO DE LAS "DROGAS"

La percepción social de la drogas, en líneas generales, no suele coincidir con la realidad de los consumos. Hasta hace poco había una concepción en torno a este “problema”,  estaban los sujetos “drogadictos”, categorizados como delincuentes o “marginados”, enfermos, … desechos de la sociedad, a los que se no se consideraba enfermos, sino “gente” “no apropiada”, con sus connotaciones y repercusiones para el sujeto, su familia, y entorno más cercano. Era un estigma, y estaba mal visto. Luego se fue introduciendo otro “imaginario”, subjetividad en torno al uso de la droga, que dependía del tipo de droga, del cómo, cuándo se consume y del coste, así la cocaína era más consumida en ambientes más favorecidos económicamente, y como medio para “rendir” o “mejorar” la imagen, en un ambiente, también, más “yupi”.

Una de las causas, viene de la praxis de los medios de comunicación, donde, tanto mediante los anuncios sobre prevención o consecuencias de su consumo, como en las películas, se presentan 2 realidades extremas, presentándolas como si sólo hubiera 2 posiciones respecto al tema o problema, como si fuera sencillo, delimitar o enmarcar conductas, para agrupar o categorizar a un colectivo, el drogodependiente. Por un lado, estaría el consumidor, “controlado”, es decir, el que “tontea” con las drogas (refiriéndose sólo a drogas ilegales, más blandas, como el cannabis, el Hachís, etc. que tienen un consumo diario, pero moderado, que no le impide realizar su vida, familiar, laboral, social, y que incluso se ve bien aceptado y “progre” o “moderno” etc.), y por otro lado, el consumidor extremo dependiente, aquél que no puede evitar el consumo, y hace lo que sea por acceder a estas sustancias, y que, con independencia de sus circunstancias personales (clase social, cultural, etc.), termina cayendo en la marginación y exclusión social, terminan con un futuro maltrecho, una salud empobrecida, aislados de redes sociales afectivas, con las consiguientes consecuencias y progresivo deterioro de: salud, vínculos afectivos deteriorados, incapacidad de incorporación a la sociedad, etc. además de las alteraciones y deterioro a nivel psíquico, somático, etc.

Pienso que tendríamos que partir de la definición de droga: “Las drogas son sustancias no necesarias para el mantenimiento de la salud que tienen una acción farmacológica sobre el sistema nervioso central (SNC). Esta acción, que produce cambios en el comportamiento, la conciencia, la percepción o el estado de ánimo, tiene un efecto reforzador que propicia la propia administración[1]”.

Primeramente, queremos recordar que en la historia de la humanidad, las drogas siempre han estado presentes, se sabe por ejemplo, que el cultivo del cáñamo remite hacia el 4000 A.C., Por tanto, el problema no es si se realiza un consumo de alguna droga, sino qué tipo de droga, cómo se consume, cuanta cantidad y en qué contextos y edades. Al inicio de la humanidad, se usaban sobre todo en rituales mágicos, en celebraciones. Y su uso era también medicinal.

Esto me parece muy importante, porque podemos caer, como de hecho pasa, en contradicciones, pensar que, por ejemplo, el abuso de tabaco, o del alcohol, no entra dentro de la categoría de droga, por estar legalizado y, sin embargo, estas 2 drogas generan, cuando se llega a su dependencia graves problemas, tanto de salud física, como mental, como deterioro de las relaciones de familias, desestructuraciones, problemas de violencia, delincuencia, etc. fundamentalmente las relacionadas con el consumo de alcohol.

En este sentido, digamos hay 3 grandes grupos: por un lado, los consumidores de drogas legales (¿blandas? Blandas a corto plazo, en el sentido que parecen ser inocuas como el tabaco, el alcohol, el café pero que con un excesivo consumo, generan dependencia e in-salud, además de otras connotaciones psíquicas como la ansiedad, p.ej.), estas drogas son, cualquier variedad dentro del alcohol, sea cerveza, vino, u otras con más cantidades en alcohol, o el tabaco, las bebidas estimulantes tipo cafeína, redbull, que mezclada con alcohol son una bomba para el organismo, también están los disolventes industriales y pegamentos (inhalar), y los fármacos; Por otro lado, los consumidores de drogas blandas pero ilegales, aquí encontramos el hachís, el cannabis, … ; y las denominadas drogas duras por los efectos tremendos que causan corto plazo, y las consecuencias, por ejemplo, la heroína, la cocaína, anfetaminas, éxtasis, etc. Por tanto, aunque se pueden categorizar en orden a su legalidad en un contexto sociohistórico, también se puede categorizar en función del tipo de efectos que genera, si son estimulantes, depresivos, narcóticos o alucinógenos, o en función de su uso, si es terapéutico (cannabis reduce los efectos nocivos de la quimioterapia, p.ej.) es decir, con fines médicos, si su uso es social y puntual (alcohol en fiestas, p.ej.), si su uso es tipo abuso, adictivo.

También, dependiendo de las circunstancias económicas, sociales, y políticas, se promueven más unas que otras, o no se le presta la misma atención. Por ejemplo, en el momento actual que vivimos de gran crisis económica, una de las consecuencias es el descenso en el consumo de cocaína, cuyo precio se ha disparado volviéndose inaccesible para muchos consumidores habituales, que la han sustituido por otras drogas de diseño, mucho más económicas, accesibles y con efectos similares.

Pero en cualquier caso, las drogas en sí mismas, no son el problema, sino que el problema es el uso que se hace de ellas, y el desconocimiento acerca de las mismas, tanto de qué provocan en el organismo, como consumirlas sin dañarnos, ni física ni síquicamente, y sin que generen problemas asociados, tales como, la violencia, la marginación y exclusión, el sufrimiento, la estigmatización, el deterioro de la calidad de vida, la desestructuración de la persona y su entorno, el abandono de actividades productivas y placenteras… etc.

Las drogas también han sido utilizadas en las sociedades más modernas, como medio de control social, por un lado, permite a la población más presionada, “tener vías de escape”, de aflojamiento, de distracción, placer (está comprobado los efectos positivos, que son lo que luego potencia su adicción, y que son usados por la farmacología, pero de hecho, es lo mismo, pincharse o consumir Valium o morfina, que heroína o cannabis, porque usan las mismas vías de recompensa para el cerebro), y por otro, va generando o modelando a los individuos hacia el autoabandono, el hastío de todo y el pasotismo, con graves repercusiones para su capacidad de autonomía e independencia, su voluntad, su estado emocional, su seguridad, sujetos pasivos que no generan problemas y que terminan en los márgenes de la sociedad, ocultos, a la vista de todos, o queriendo ocultarlos.

Sin embargo, la mayor problemática, no por su dureza, sino por las consecuencias no sólo para el sujeto, sino para su entorno y la sociedad, no viene sólo desde el tipo de droga más dura, sino de aquella que pareciendo no ser demasiado dañina, va progresivamente minando al sujeto, en lo corporal, en lo psíquico, en lo espiritual, generando sujetos pasivos, anulados, que aunque no se encuentren tirados en la calle, robando, enfermos, o en centros… son personas que se autoperciben sin futuro, sin valía para la sociedad, que, con independencia de su contexto familiar, de más o menos recursos, terminan llevando una vida “marginal”, al margen de la vida social.

No creo que las drogas que socialmente más preocupan sean las que provocan más problemas, principalmente, porque por ejemplo, la adicción del alcohol, en los hombres, sobre todo, suele conllevar un comportamiento agresivo, que tiene graves consecuencias, en primer lugar para el entorno más inmediato, la familia y para sí mismo. También por la facilidad de acceso a él, y la creencia, de que no es peligrosa, o tiene efectos dañinos (vino, cerveza, sobre todo), o que su consumo diario no genera adicción. Últimamente parece que el problema del alcoholismo, no se presenta tanto por el daño que causa en el organismo, en la psique del sujeto y su entorno, sino por las consecuencias que los actos del “consumidor de alcohol” puede generar, y que hacen mucha referencia a conductas que repercuten negativamente sobre otros ciudadanos (botellón … suciedad – ruidos – estigmatización; accidentes de trafico … que dañan a terceros, … familias, etc.).

O sea, la percepción social del problema no es claro. Por un lado, tenemos la percepción que desde los medios de comunicación social se ofrece, por las repercusiones sobre terceros (accidentes de trafico, descontrol de los jóvenes, exclusión social, delincuencia, maltrato familiar, etc.). Por otro lado está la percepción de la población de a pié, los ciudadanos, que su percepción dependerá de los contextos y entornos donde se muevan. Por ejemplo, en los barrios más marginales, el consumo de “porros” y “alcohol” (cerveza, vino) no se percibe como un problema, en sí, sino que se convierte en problema cuando conlleva conductas consideradas inmorales, dañinas o no productivas (robar a familia, violencia, abandono de todo… pasotismo).

Por tanto, aunque sí que hay una conciencia mayoritaria en la sociedad acerca del peligro del consumo de drogas, es una conciencia difusa al mismo tiempo. Hoy existe un gran consumo de drogas, que están al alcance de la mayoría, y pienso que no se tiene una clara conciencia de sus efectos y consecuencias negativas para el sujeto, su entorno más cercano, y para la sociedad. Pareciera una realidad de la que nos apercibimos sólo tras visionar documentales, o en los noticieros, o quizás cuando nos enteramos de una persona cercana que es institucionalizada, o muere por sobredosis, o que está viviendo en la calle, o etc. Sin embargo, nuestra sociedad está bastante sometida y controlada por estas “drogas”, que van desde las que tienen un efecto o acción farmacológica en el SNC, hasta esas otras que crean adicción, sin uso químico, por ejemplo, los videojuegos, la tv, etc. y que consiguen su fin, distraer al sujeto, bien por placer, bien como mecanismo de escape de la realidad, suya o del entorno.

Si atendemos a los factores de riesgo y los factores de protección, se observa como estos factores modifican la probabilidad de que una persona sufra problemas derivados del consumo de drogas, aunque también, la existencia de factores, no determinan con certeza qué personas desarrollarán este tipo de problemas, porque afectan a distintos factores y dimensiones.

Existen factores sociales, factores ambientales, factores individuales e interpersonales, fisiológicos, psicológicos, actitudes y patrones de comportamiento familiar en relación a las drogas. También se presenta como factor a tener en cuenta la gestión y el manejo de las situaciones por parte de los familiares, si esta gestión está apoyada por una red pobre o inconsistente, sin recursos, tanto a nivel individual, como familiar, como estructural (barrio-vecindad-localidad), si el vínculo afectivo con la familia es pobre (desestructuración familiar por separaciones, incultura, inmadurez, otras causas) pobre en la calidad de la relación-vinculo, o pobre en el nivel socio-económico; también el Fracaso escolar (pudiendo entenderse la droga como causa del fracaso escolar o como consecuencia del mismo); Otro factor es el bajo compromiso con la escuela, tanto por parte del alumnado como la familia, la atención del centro educativo a este posible problema.

Además, en las edades tempranas, el consumo de drogas no viene sólo condicionado por las características del sujeto (genéticas, epigenéticas, familiares, etc.) sino también por los entornos donde está inserto el sujeto, además de por el proceso propio de la adolescencia que busca la asociación con iguales y la aceptación de iguales, lo cual indica que la agrupación con compañeros-amigos consumidores de drogas conlleva un alto grado de posibilidad de consumir.

Por tanto, en conclusión, la percepción de la droga como problema es relativa a la información y relevancia que como sociedad se ofrece a la ciudadanía, y de los intereses económicos-políticos que haya. Aunque hoy se tiene bastante información acerca de las drogas, incluidas la legales, también es cierto, que hasta que no se encuentra en una problemática de gran adicción, con las consecuencias asociadas, de conductas desadaptadas, que generan malestar clínicamente significativo y/o deterioro en su conducta respecto a hogar, trabajo, familia, centro escolar, hasta que no llega a un extremo que hace saltar la alarma, parece que no existe el problema o que es pasajero y propio de la adolescencia y luego se pasa. Pero no siempre es así. Ya que estas praxis a edades tempranas, o incluso en la adultez, suelen llevar problemas asociados; aunque también es cierto que los problemas que lleva asociados, son distintos en función de las características del sujeto, de su nivel cultural, económico, del nivel de recursos sociales (red de seguridad afectiva, económica, etc.). aunque, hay otros riesgos asociados que no entienden de clase social ni económica, y son los que provocan problemas de salud como las infecciones, sobredosis, accidentes, asesinatos, robos etc.…

Pero, en líneas generales, el problema de las drogas, depende del discurso que la sociedad hace, a través de sus medios de información y comunicación, de la educación en términos amplios, de los recursos empleados para la prevención, y para el tratamiento, y de las políticas sociales-económicas y culturales. Una sociedad que no lucha contra la lacra de la droga (como vía de escape), será una sociedad pasiva, en decadencia, encaminada al fracaso que busca huir de la realidad y buscar una falsa felicidad, como la que se presenta en “un mundo feliz” de Aldous Huxley, donde se describe una sociedad donde las drogas de diseño son el vehículo para conseguir la felicidad.

Si se tuviera mayor conciencia de las problemáticas que trae el exceso y descontrol en el consumo de drogas, quizás habría mayor interés de los agentes sociales-políticos y económicos para su prevención, y/o ayuda vehículos para afrontar la dependencia y consecuencias, y aliviar la presión social. Si hubiera mayor percepción como sociedad, se exigiría y elaborarían políticas generales y locales encaminadas a la prevención, sobre todo en el inicio precoz de su consumo, en las políticas Sociales y ambientales; Las Leyes y normas sociales tendrían que reconocer sus incoherencias, donde por un lado se penaliza y por otro se incita; controlar el acceso y la disponibilidad de ellas; si se tuviera conciencia, se estimularía el desarrollo de Factores de protección, como estimular la capacidad individual del niño o adolescente para la resolución de problemas, potenciar el apoyo a las familias tanto información como recursos; se tendría que potenciar la capacidad de interiorizar normas sociales relativas al control del uso de drogas, incluidas las legalizadas y más introducidas como no dañinas, como son el tabaco, alcohol, estimulantes (bebidas tipo redbull, café, etc. que en exceso son dañinos para el organismo); si hubiera mejor percepción del problema de las drogas, esto supondría o implicaría un cuestionamiento a los modelos parentales que significaría tomar conciencia de las praxis de drogadicción que se tiene. Así, estas figuras referenciales, son modelos a seguir, y se imita la conducta ante el tabaco, la cerveza, el vino, etc. y si además, los vínculos emocionales son débiles, o no existen, o hay poca o mala socialización no sólo con la familia, con figuras parentales, sino también con familia extensa, con otros: barrio, centro escolar, … esto repercute negativamente.


[1]
Suelves, J.M. (2008). Intervención social en el ámbito de las drogodependencias. Barcelona: FUOC