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" ... Nada hay humano que no sea social, por lo tanto, el desarrollo del intelecto debe ser social. El hombre se socializa a través de las interacciones comunicativas; comunicación que exige la presencia activa del otro en nuestra vida ... " de Eugenio Garrido, en la presentación del libro: "psicología Social del Desarrollo Cognitivo"

jueves, 15 de diciembre de 2011

El Ser Humano, es por esencia, un Ser Social y Migratorio


Sobre las denominadas Políticas de Inmigración.  
Partimos del principio de que ningún ser humano es Ilegal, en "ningún territorio", ya que TODOS somos habitantes de un mismo planeta; además,  el ser humano, es por esencia un ser migratorio y un ser social. Migra hacia los espacios y lugares que pueden ofrecerle una mejora en su calidad de vida, y así ha sido desde los inicios de la aparición de ser humano en el planeta tierra. Por tanto, niego la mayor, es decir, no comparto ni la ortodoxia ni la ortopraxis, osea, la ideología que conlleva a realizar políticas distintas y recursos distintos hacia estos colectivos, porque esta concepción, presupone sutilmente una diferenciación y una “exclusión” del grupo de ciudadanos, (seres humanos) como colectivo característico con problemáticas propias, cuestión errónea e incierta. Inmigrante es tanto el alemán, por poner un ejemplo, que emigra a España para pasar la vejez al calor del sol, como el cubano, con una gran formación académica y conciencia social y una red de relaciones buena, pero que están sometidos a un régimen dictatorial (Castrista); también lo son los que emigran de forma “ilegal”, y provienen de un entorno sociopolítico y económico más deficiente, sin acceso ni posibilidad de tener unos recursos mínimos que garanticen la posibilidad de satisfacer necesidades primarias y básicas, y , que por ello, entre otras cuestiones, se ven obligados por la necesidad (de comida, de paz, de trabajo, de vivienda, de recursos que no le ofrece su país).
Esto no quiere decir, que no deban desarrollarse políticas tanto transversales como horizontales, es decir, políticas propias dirigidas hacia la atención e intervención pero que no sea exclusiva desde el área de servicios sociales, sino que los inmigrantes, como ciudadanos que habitan en un espacio, terreno físico concreto, regido por unas leyes y consensos, que han aportado al estado, con su trabajo, impuestos, etc, se adaptan e integran en las sociedades y cooperan en el funcionamiento de la misma, deben beneficiarse de los mismos servicios y recursos que el resto de ciudadanos, ya que en la práctica, la única diferencia entre unos y otros es el idioma, o acento, o la cultura, más específica, pero en el resto son ciudadanos, personas, con una esencial igualdad en derechos y en deberes.
De hecho, la ley de Extranjería promulgada en 1985, tenía por objetivo general, precisamente, la integrar a los colectivos inmigrantes en la vida social, potenciando para ello, la convivencia, cohesión social, la integración social, la igualdad de oportunidades y acceso a recursos colectivos. Además, buscaba la participación y coordinación de las distintas instituciones y administraciones publicas, para que este objetivo se pudiera ir consiguiendo.
“Mientras no se obtenga la nacionalidad, a pesar de haber logrado la legalidad, no se es sujeto de plenos derechos. Se tienen los derechos a la educación, a la asistencia y prestaciones sociales, protección de la salud, a reunión y asociación, a sindicación y huelga, pero el derecho a la libre circulación se ejerce con las restricciones previstas en la emisión de permisos de trabajo, y tampoco se puede ser titular del derecho de sufragio activo o pasivo y no se puede acceder al desempeño de cargos públicos [...]. En cualquier caso, una vez obtenida la nacionalidad los problemas que tiene desde el punto de vista de la exclusión social se equiparan a la de los ciudadanos españoles, con la única salvedad de que, si sus rasgos físicos son diferentes, pueda estar sometido a una cierta exclusión xenófoba» (Tezanos [ed.], 2002: 556)”[1].
Pero, aun reconociendo que la inmigración no es una realidad nueva, en los tiempos de crisis que vivimos, esta situación se agrava, y repercute en los territorios tanto de salida como en los de llegada. Pero al producirse en los últimos tiempos, un gran aumento en la cantidad de inmigrantes, y dirigidos hacia los países del primer mundo más fronterizos, esto supone para el país que acoge, que realice una reestructuración política, social (integración), cultural (intercambios culturales), y económica  (infraestructuras, recursos, programas de integración, de educación, etc.). Sin olvidar, que ahora,  por la crisis es uno de los colectivos más afectados, estando ahora en paro, sin recursos, perdida no sólo de trabajo, sino de hogar, etc., pues ahora no olvidar, que estos que ahora son receptores de políticas pasivas, de servicios sociales, fueron antes los que aportaron al estado, con su trabajo y los impuestos pagados, su cultura, etc.
Hoy día, en un mundo tan fragmentado pero tan globalizado, se hace más necesario que nunca reivindicar el valor del principio de igualdad para Todo  Ser Humano. Recuperar conceptos desvirtuados y vaciados de contenido, pero con gran valor, como la capacidad de empatía, de solidaridad, de Justicia en sentido amplio. Es decir, en una sociedad del siglo 21, la inmigración-emigración debe considerarse como un proceso normal de la población humana, y como un medio que desde siempre ha sido beneficioso para todas las sociedades, y que conlleva cambiar la concepción antropológica de Cultura, y plantearla desde una perspectiva más amplia, de Intercambio (beneficio) entre distintas culturas, interrelacionadas.
España, desde la defensa de la libertad de sus ciudadanos, en un estado de derechos y deberes (estado de derecho), con un enfoque desde el estado de bienestar, debe garantizar a todos los ciudadanos, incluyendo los  mal llamados “sin papeles”, debe garantizar que los pilares básicos sean accesibles a todos, valiéndose de los organismos, instituciones, consejerías, etc. de Educación, Cultura, Sanidad, Seguridad Social, Trabajo, Bienestar Social, etc. de forma que las políticas propias del estado de bienestar repercuta y llegue a esta población. 
Es de destacar la gran hipocresía que desde la Ideología propia de la derecha se ha hecho en los últimos años, de desprecio y rechazo a los colectivos de inmigrantes más desfavorecidos, y que ahora, ("ya por fin en el poder, casi con un poder absoluto, que, a muchos ciudadanos con conciencia, nos aterra"), digo, ahora, planteen y promuevan que los "parados", emigren a otros países... ¿cómo ha cambiado el cuento, y yo sin enterarme?, pero ¿qué pasa?. Es sorprendente, por ejemplo, escuchar a hijos de inmigrantes, que han nacido o se han criado en el territorio que acogió a sus padres, defender políticas de extrema derecha nacionalista ..., escuchar como se auto-afirman en la cultura receptora. ¿a qué responde esto? ... ¿es incultura, insolidaridad, egoísmos, inconsciencia, o simplemente, como ahora tengo pan, techo y dinero, pues el resto que se las apañe?.
En fin, esta crisis global, no es una crisis ni sólo económica, ni sólo financiera, ni sólo de la mala praxis política. Estamos ante un momento de transformación radical de los sistemas de organización social, en todos los territorios, ... ¿Es que no hay intelectuales, con prestigio, que se atrevan a decir claramente esto?, ¿Es que no vemos o no queremos ver y tomar conciencia del secuestro que se está produciendo, secuestro y abducción de las mentes, y los espíritus, de la moral... (y no me refiero a la católica, que esto sería para tratar en un tema aparte, y daría para varios tomos). 
El Neoliberalismo está destruyendo lo más propio de la condición humana, pronto, y espero equivocarme, dejaremos de llamarnos "homo sapiens sapiens", para ser "hombre racional sin alma", que, en latín sería "vir rationalis absque animus",  o  "vir absque animus ".

Salud y Paz
 


[1] Subirats i Humet, J. (Dir.) “Análisis de los factores de exclusión social”. Documentos de trabajo, 4, 2005. Generalitat de Catalunya. Pág. 139