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" ... Nada hay humano que no sea social, por lo tanto, el desarrollo del intelecto debe ser social. El hombre se socializa a través de las interacciones comunicativas; comunicación que exige la presencia activa del otro en nuestra vida ... " de Eugenio Garrido, en la presentación del libro: "psicología Social del Desarrollo Cognitivo"

viernes, 29 de abril de 2011

IINDIGNAOS SIN USAR LA VIOLENCIA

Stéphane Hessel, uno de los 12 redactores de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, insta a la insurrección

Laura Sangrà Herrero / A.L.-V.
ADN/Madrid | 28/03/2011 
 
El francés Stéphane Hessel, en Madrid. EFE MADRID 
 
Nadie se rasgaría las vestiduras si Stéphane Hessel, a sus 93 años, se pasase los días en horizontal, bronceándose en algún paraíso de arena y sol. Incluso muchos lo verían con buenos ojos y contarían los años que les quedan para emularlo. "Se lo ha ganado", dirían, recordando que pasó por varios campos de concentración, se libró de la horca in extremis al usurpar la identidad de una víctima del tifus y fue uno de los 12 miembros que redactó la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
Pero no. Nada de sentarse a verla pasar, porque "esta vida restituida había que comprometerla", y hasta el final, asegura Hessel. El nonagenario acaba de publicar en España ¡Indignaos! (Destino), tras 1,7 millones de ejemplares vendidos en Francia en cuatro meses. Ayer expuso en Madrid los puntos principales de su breve pero incisivo alegato contra la indiferencia.
1.- Los bancos, culpables
El toque de clarín de Hessel empieza por los bancos: su dedo acusador les apunta por preocuparse solo de sus dividendos y de los altos dirigentes, no del interés general.Hay que oponerse a que la carrera por el dinero domine la vida de los individuos porque "la fuerza excesiva de las potencias económicas y financieras impide que los gobiernos puedan luchar contra lacras como el paro", dijo ayer el francés."El dios de esta civilización es el dinero", apuntó el prologuista del libro en España, José Luis Sampedro, quien además criticó -como Hessel en el libro- que los banqueros hayan salido impunes de la crisis y mantengan los paraísos fiscales, mientras el pueblo sigue atarazado por el paro.
2.-Defender la conquista
Hessel formó parte del Consejo Nacional de la Resistencia (CNR), creado clandestinamente en 1943. Ese ente inició la "ambiciosa resurrección" de Francia tras el "drama atroz", con un programa donde pedían Seguridad Social y jubilaciones dignas, y que entregaron al general Charles de Gaulle.Los cimientos de las conquistas sociales del CNR es lo que hoy en día está en peligro. "Coged el relevo, ¡indignaos!", insta a los jóvenes en el libro.
3.- La insurrección pacífica
Hessel apela a alzarse contra los que manejan los hilos: el poder económico y financiero. A esos jóvenes a los que siempre se dirige les pide "que se movilicen para que sus dirigentes muestren más coraje" y para conseguir una "auténtica democracia social o socialista".
Pero el alzamiento, eso sí, tiene que ser pacífico y también dirigido contra los medios de comunicación de masas que proponen como único horizonte "el consumo de masas, el desprecio hacia los más débiles y hacia la cultura, la amnesia generalizada y la competición a ultranza de todos contra todos", detalla en el texto.
4.- Motivos difusos
Admite que las razones para indignarse hoy en día pueden parecer menos nítidas que cuando él era joven. En su caso, resistir era simplemente no aceptar la ocupación alemana, pero el mundo del siglo XXI es más complejo. ¿El consejo? "Buscad un poco, encontraréis".
La preservación de los derechos humanos, la situación del planeta y el trecho cada vez mayor entre ricos y pobres pueden ser motivo de indignación hoy en día.
5.- No a la indiferencia
"Paso de todo, ya me las apaño" es la peor actitud que se puede tener ahora, avisa el francés. Hay que salir de la cama, implicarse. Y en esto, los medios de comunicación tienen un gran papel: hacer llegar ese mensaje de "libertad y justicia" a los jóvenes para que salgan del "desánimo" y la "indiferencia". Pero para hacerlo, los medios deberían ser libres: "Las fuerzas financieras copan cada vez más espacio" dentro de ellos. "La privatización de empresas no es una buena señal. El núcleo de los cambios es la independencia de los medios de comunicación", apuntó.
6.- Gaza: su indignación
Hessel se consideró afortunado por haber tenido "una sucesión de razones" para indignarse. La última de ellas, la situación en Palestina. "Gaza es una prisión a cielo abierto para un millón y medio de palestinos", constató en varios viajes a la zona.Pero él, optimista por naturaleza, puso el ejemplo "esperanzador" de los países árabes, donde el "surgir de una juventud no violenta, pero eficaz" se erige como revulsivo, sacudida por el deseo de libertad y de justicia.